Cuatro ideas para contextualizar el mito del «descubrimiento»

El descubrimiento de contenido es el gran tema del momento. Internet está llena de cosas interesantes pero, ¿cómo descubrirlas? Las respuestas a esta pregunta son varias y su enfoque es diverso, pero el enfoque mayoritario repite el hype oficial, una revisión tecnoutópica del poder de las máquinas y de eso que llamamos machine learning para adaptar el filtrado de contenidos a cada persona de forma automática, de forma que encontremos constante y automáticamente contenido interesante relacionado con nuestros gustos, por el mero hecho de continuar vivos y seguir usando ciertas aplicaciones. Sobre cómo quienes ahora balbucean sobre descubrimiento hace un año se afanaban en defender la mentira de la curación de contenidos podemos hablar mucho. Yo, por ahora, me conformo con desarrollar en este post algunas ideas en torno al hype del descubrimiento, sus mitos, sus señales y sus implicaciones.

De la mentira de la curación de contenidos a la utopía del descubrimiento automatizado

Lo primero que me llama la atención es que el discurso ha mutado: ya nadie se hace eco del timo de los «curadores de contenidos» que acaparaban titulares hasta hace nada. ¿Cómo, el timo? Tal cual: el timo. Aparte de la pretenciosidad aspiracional de calcar un término propio del mundo del arte, en lugar de tomar un nombre sobrio más propio del trabajo de oficina y/o la investigación académica (aunque esto último esté mucho más cerca de la realidad), el hype del curador de contenidos presuponía (deliberadamente) que estos «curadores» son almas cándidas que no alteran la realidad que curan y, por tanto, el output que dan es de verdad lo más relevante que se podía compartir, y no lo que mejor servía a los intereses del «compartidor». Como si los críticos de cine y música que en el mundo han sido hubieran dado alguna vez (honrosas excepciones las hay, claro) muchas esperanzas a este respecto.

No importa, se obvia todo lo anterior porque conviene, pero obviar todo lo anterior no deja de ser un cadáver escondido bajo la alfombra que antes o después será descubierto y ante cuya aparición habrá que tener a mano excusas convincentes.

El descubrimiento automatizado de contenidos se deshace eficazmente de ese cadáver matando al mensajero: en adelante este rol será desempeñado por una máquina (sin subjetividad y sin maldad, según la doctrina oficial) sobre la que ejecutamos un algoritmo genético destinado a que el sistema nos entregue contenido de interés adaptado a nuestros gustos. O lo que es lo mismo: el descubrimiento tira de argumento de autoridad, sustituye al humano por una máquina a la voz de «aquí no hay subjetividad de por medio», como si la máquina no estuviera programada por alguien, por una persona vivita y coleante. Como si el input inicial sobre el que comenzamos a iterar el aprendizaje de la máquina no fuera trascendente ni estuviera (en la mayoría de casos) predefinido ab initio y fuera de nuestro control. Como intentando obviar que en el momento que externalizamos la labor de búscar contenido relevante no estamos necesariamente dando pábulo a nuevos intermediarios, sean humanos o algorítmicos.

La tabloidización de Internet

De un tiempo a esta parte, todos los servicios de Internet prometen «ayudarte a descubrir». Los servicios específicos al respecto proliferan, desde los Prismatic/Zite y compañía, a clásicos como Twitter o el olvidado (porque no ha hecho méritos para despegar) Google Currents. Dejando de lado que todos ellos prometen más que lo que dan (probé Prismatic pero me aburría que fuera un agregado de los enlaces compartidos por mis contactos en Twitter, de verdad… cero novedad; una vez clické sin querer en la pestaña descubrir de Twitter; y aquí debajo dejo una captura de lo primero que uno se encuentra en Google Currents, añadiendo además que si vas a estilos de vida puedes leer Esquire). La pregunta es: ¿tantas vueltas para acabar en el punto de partida? ¿Años aprendiendo a bucear la Red, una década ya larga de blogs para terminar aceptando que al final lo que hay son grandes medios y grandes revistas ya establecidas (algunas de éstos empezaron como blogs)?

Captura de pantalla de Google Currents
Google Currents, o cómo hacer bueno el eslogan de la revolución estéril: cambiémoslo todo para que no cambie nada.

En realidad estamos viviendo una tabloidización de las herramientas.

La tabloidización es una de los primeros signos visibles del estancamiento provocado por la tabletización.

La tabloidización nos devuelve una web reconvertida en periódico, con páginas construidas retomando una lógica del consumo pasivo (simple lectura, apoyada a lo sumo por acciones sobre el contenido como compartir o decir que «te gusta»; quizá por eso algunos de sus responsables hacen esfuerzos titánicos por decir justo lo contrario) que fuera muy habitual en los grandes portales de la primera burbuja punto com (aunque a nivel estético haya dos océanos de distancia) y que adoptan diseños de revista convencional, mostrando gran cantidad de contenido de un vistazo, apoyadas en una fuerte componente visual y fotográfica e incentivando no ya la lectura profunda de los contenidos sino la navegación superficial de los mismos mediante elementos como la carga automática de nuevos titulares (por ejemplo, usando la habitual técnica de «scroll infinito») conforme el usuario se mueve por la página. Son servicios tipo Pinterest, o el nuevo Google Plus, muy inspirado uno del otro.

Nuevo Google+, los gatos e Internet
[Captura de pantalla de Google Plus, sacada de un post mío en Ad Astra.]

Tolerancia a la sorpresa inesperada, tolerancia a los espacios publicitarios

Como hemos dicho anteriormente, el hype del descubrimiento sostiene algo así como que por arte de magia («automágicamente», que dicen los blogs en inglés para referirse a estos servicios) algo o alguien nos sugiere contenido que nos resulta relevante. Al ser un proceso fuera de nuestro control, este tipo de mecanismos nos impone una cotidianeidad sometida a un régimen de sorpresa constante. Una cotidianeidad sobre la que podemos hacernos varias preguntas:

  • Si el filtro es manual, esto es, si nuestro «descubrimiento» lo externalizamos en estas grandes revistas que sugieren aplicaciones como Google Currents, ¿acaso no es como esperar que los libros me los vuelva a recomendar Babelia y las películas el Carlos Boyero de turno? En el peor de los casos tenemos un conjunto de medios con una línea editorial definida sobre cuyo filtro no tenemos control y en el mejor de los casos el filtro estaría compuesto por estos «expertos» del medio en el que delegamos sin mayor reflexión por nuestra parte, y sobre los que ya hemos hablado. En ambos casos, la existencia de pagos puede influir decisivamente en que un determinado «contenido» sea juzgado relevante (vamos, que hay y habrá publirreportajes en cubierta, a tutti pleni; como siempre los hubo).
  • Si el filtro es automático, y sobre esta visión tecnoutópica también hemos hablado algo, ¿cómo sabemos que podemos fiarnos de un filtro que no controlamos cuyo input inicial (que podría influir decisivamente en el tipo de evolución del sistema) no hemos definido nosotros? A todo esto hay que añadir que sabemos que quien controla el filtro posee un poder tremendo. Por poner un ejemplo en el que es presumible estimar que la preocupación y la lectura son especialmente atentos, si hablamos de un filtro de búsquedas, se puede influir sobre cosas tan importantes como el resultado de unas elecciones (y, como señala Schneier, ni siquiera hay mecanismos para impedir esa manipulación). Ahora tengan en cuenta que casi ningún tema que evalúen requiere y anima a las personas a documentarse mejor que unas elecciones y que, por tanto, es razonable suponer que la lectura será más superficial y peor informada en casi cualquier otra situación. Quien controla el filtro controla el futuro. Un mundo feliz.

En ambos casos, esta nueva realidad en la cual los enlaces son «descubiertos» como por arte de magia, en lugar de irlos encontrando y seleccionando minuciosamente de fuentes previamente escogidas, nos somete a una sorpresa constante que abre la posibilidad, ante todo, de introducir contenidos publicitarios.

La predisposición a ser sorprendidos (inherente a la admisión de estos servicios como fuente de información) acostumbra a los usuarios a recibir contenidos de fuentes impredecibles. En esa sucesión de contenidos impredecibles, una porción de contenidos destacados mediante pago (patrocinado, o anuncios, o como lo quieran llamar) es menos disruptivo y desconcertante que si estoy leyendo el feed de Michel Godin y me aparece un post patrocinado sin mayor explicación (algo que al bueno de Michel no le iba a hacer gracia, por otra parte).

Que esto sea así, y que se haga la ola ante estos sistemas no es sorpresa en una escena tecnológica (la de Sillicon Valley) incapaz de pensar modelos de negocio no publicitarios y que se ha demostrado tan eficazmente innovadora en lo tecnológico como obtusa en lo referente a la hora de escapar de los modelos de negocio basados en ingresos publicitarios. Así puestos, el descubrimiento es una especie maná caído del cielo. Que no pare la música, que tout va bien. Y ahora, Instagram (que, por cierto, también tiene su botón de «descubrir») introduce vídeos que duran lo mismo que los anuncios de TV convencionales. Bienvenidos al más-de-lo-mismo.

La renuncia a construir tus propias redes, una vez más

Por último, pero no menos importante, tenemos la consecuencia natural de renunciar a tomar el control de las propias fuentes de información, y de renunciar a su cuidado, que es lo que nos permite ir añadiendo nuevas fuentes, incluso la de algunas personas cuya labor principal es compartir contenido de otras fuentes.

Es aquí donde bajo este velo de inocencia con el que se nos habla del tema, descubrimos que los servicios de descubrimiento son el último invento impulsado por quienes, llevados por su propia inercia y siguiendo la regla fundamental de que «cada euro que gastas apoya algo», empujan y propician una Red en la que las personas están y consumen contenidos de forma tan acrítica y pasiva como lo hacían hace dos décadas en un entorno analógico. Es aquí donde descubrimiento, tabletización y tabloidización (consecuencia lógica de la tabletización, y fenotipo del descubrimiento) demuestran ser parte de un único sistema en el cual la desintermediación no llega a tener lugar porque entregamos la capacidad de leer, consumir y producir información de forma autónoma a nuevas herramientas reintermediadoras.

Este proceso, sostenido en el tiempo, produce usuarios cautivos para los cuales abandonar un determinado tipo de herramientas implica un aprendizaje. Como si uno tuviera que aprender repostería de la noche a la mañana, sin haber preparado nunca ni siquiera unos spaghetti bolognesa. Lock-in.

En todo esto, los grandes beneficiarios son, por este orden, los controladores de la herramienta (si un usuario lee Esquire en Google Currents y mañana Esquire deja de estar «recomendado», el lector difícilmente va a arrojar Currents a la basura para ir a leer Esquire) y los grandes editores de contenido (propietarios de cabeceras con marca bien establecida). El descubrimiento no va a sonreir a quienes no puedan movilizar al algoritmo, me temo. Los usuarios, por último, a verlas venir sin más posibilidad que esperar que el sistema aprenda de cada click propio, sea positivo o negativo, respecto al contenido que leen; completamente a expensas de ese aprendizaje.

Si yo quisiera leer fuentes de verdad diversas, y si yo necesitara estar al día de fuentes minoritarias que jamás vendrán recomendadas porque otros la recomienden primero, no podría confiar en estos sistemas. Claro que si yo quisiera ser soporte publicitario, y producir contenido que acompañar de anuncios, sí querría que se adoptase masivamente una herramienta que permite a los anunciantes acceder a lectores segmentados (y tanto, como que el mismo algoritmo que te «descubre» contenido sabe en qué categoría ha de incluirte en función de lo que hagas con él) y mostrarles algún que otro anuncio.

Conclusiones

Algunas ideas relevantes que hemos comentado a lo largo del artículo:

  1. No hay «descubrimiento» inocente. Siempre hay un filtro y quien lo controle será el mayor beneficiario de la adopción de la herramienta (y su filtro). Si el filtro lo establecemos nosotros para uso personal, los máximos beneficiarios somos nosotros y (si lo hacemos bien) la calidad de la información que recibimos.
  2. El diseño de estas herramientas favorece la lectura superficial, e impulsa con su seeding la lectura de fuentes y medios ya establecidos como referentes. No favorece la diversidad de fuentes y en ese enfoque están más cerca de la voracidad del timeline que de la reflexión y la productividad de otros enfoques.
  3. El sometimiento a la sorpresa constante y la introducción de publicidad. Estos sistemas hacen de la introducción de posts pubicitarios algo menos exógeno y menos chirriante. No es de extrañar que haya hype precisamente con este tema, toda vez que en los últimos 15 años no ha salido una única empresa de Internet de gran tamaño que no viva de la publicidad.
  4. Nueva pérdida de autonomía de los usuarios. Al renunciar a crear las propias redes, gestionar las propias fuentes y personalizar el propio input informacional, al delegar dicha labor en la herramienta ésta acumula el conocimiento mientras nosotros quedamos cautivos usando el sistema, y al perder la oportunidad de tomar las riendas de la propia información, aprendiendo a ser autónomos y no dependiendo de quien sea que nos dé las noticias (un medio, un intermediario de los de toda la vida, aunque tenga nombre de aplicación y no de periódico), el usuario entrega el control de la propia información a la herramienta, en lugar de desarrollar las habilidades propias del mundo en que vivimos, que no son otras que las de acceder, filtrar y seleccionar activamente las fuentes desde las que nos informamos y la información que recibimos, para extraer del proceso todo el beneficio.

Bocados de Actualidad (166º)

Domingo y enlaces, conceptos que vienen por parejas. Estamos de regreso con la ronda centésima sexagésima sexta de los Bocados, esa colección de enlaces que no tuve tiempo (o ganas) de comentar durante la semana. Hoy nos acompañan La Rue Kétanou, y su Ouvert à double tour. En fin, que para no alargarme, aquí van los enlaces

  • Modeled Behaviour y la influencia de los rumores de inversión pública en sanidad sobre el resto de la economía. Sí, los rumores. Interesante.
  • Diego Mariño sobre qué tipo de cultura corporativa facilita el éxito económico de la empresa. La respuesta parece ser que la cultura corporativa se escoge por otros motivos, porque casos de éxito económico los hay para todas ellas.
  • Jorge de Soto y el viacrucis de los derechos de autor para la producción artística actual: un montón de leyes impidiendo crear a los vivos para garantizar la creación futura… de un montón de personas muertas hace décadas.
  • ¿Dejará la marihuana de ser un tabú inmenso? Habrá que estar atentos a la historia que descubrimos en Criticidades.
  • Josu Ugarte, de Mondragón Internacional, tiene nuevo blog y nuevo libro.
  • Hispasec y la chapuza de Apple generando claves de WiFi en iOS.
  • ¿Cuál es el rol social de los bastardos y los prejuicios contra ellos en el universo de Juego de Tronos? Econlib con un post que parece sacado de Overthinking It.
  • Voxeu y «el retorno de las políticas proteccionistas». Lo cierto es que yo no estoy seguro que nunca se hubieran alejado demasiado dichas políticas.
  • Si les parecen pocos, debo decir que Bianka Hajdu publica semanalmente su ronda de enlaces que es ya un clásico imprescindible cada domingo.

Para ir terminando, aquí una versión en directo del Impossible de La Rue Kétanou.

Esto es todo por ahora. Y ya saben que dejo en el Scuttle Semantic de Cartograf muchos enlaces compartidos con notas (aquí, si prefieren feed RSS) y que en Twitter también paso alguna cosa. Pasen buen domingo :)

Es hora de migrar a MariaDB

¿Se acerca el momento de una migración masiva desde MySQL a MariaDB? El río suena, y es que lo que es agua, lo cierto es que lleva. Si hablamos de grandes proyectos, algunos como Wikipedia esperan concluir la migración de algunas de sus versiones a MariaDB antes de final de 2013. Si hablamos de grandes herramientas de uso extendido, Drupal hace ya años que permite durante la instalación escoger la base de datos a utilizar y permite usar MariaDB de igual a igual a otros sistemas. Sin embargo, pasan los meses y no parece que haya un switch masivo por parte de la comunidad.

No obstante, yo creo que no migrar ahora mismo tus sistemas y tus aplicaciones a MariaDB es un error enorme del que te arrepentirás en el futuro. La actitud de Oracle respecto del software libre siempre ha sido negativa. Sencillamente: la filosofía del software libre y la filosofía de esa corporación son incompatibles. Por eso ya en 2011 celebrábamos el éxito fulgurante de LibreOffice pero no dejábamos de preguntarnos cuándo podríamos decir lo mismo de los forks de MySQL.

Los administradores de sistemas (que suelen ser gente sabia, con deshonrosas excepciones) no migran algo como el software con el que gestionan sus bases de datos a la ligera. «Si funciona, no lo toques», que dicen por ahí. Y sin embargo no les faltan motivos para impulsar un cambio drástico en sus organizaciones, y en los proyectos que gestionan. MySQL es a día de hoy reemplazable de forma transparente por MariaDB, pero no sabemos si eso será así en el futuro. Oracle ha avanzado el proyecto libre verdaderamente poco, desarrollando nuevos componentes y extensiones bajo licencia privativa. En la última versión de MySQL, las páginas de documentación que acompañan al software sufrieron un cambio de licencia desde la GPL tradicional a una licencia privativa, como nos cuentan precisamente en el blog de MariaDB. Ante la inmediata polvareda que se ha levantado, desde Oracle dan marcha atrás y tildan el cambio de bug y proponen «solucionarlo volviendo a poner la licencia correcta».

¿Un bug? Se me antoja que la probabilidad de que eso sea un bug es más o menos la misma que la de que alguien se confunda en un DNI de dos digítos al anotar una compra-venta de una finca, pero bueno… ustedes ya me entienden. Un poco más y nos intentan convencer de que no han sido ellos, que ha sido «un virus».

Migrar de MySQL a MariaDB ahora mismo es un proceso rápido y no da (demasiados) dolores de cabeza. Postergar esa decisión al futuro es un problema, y acrecenta la incertidumbre de quienes así lo decidan. Por supuesto, cada proyecto tiene su propia vida y hay un momento para acometer este tipo de transiciones; vamos, que el cambio no ha de ser efectivo hoy, antes de que se ponga el sol. Pero la próxima vez que en tu equipo alguien proponga migrar a MariaDB, no desestimes la propuesta: hoy mejor que mañana es hora de migrar desde MySQL a MariaDB.

Blogs, determinismo, y soma

Fotograma de Memento

En uno de los momentos más trascendentes de Memento, Guy Pearce anota deliberadamente en el envés de una polaroid un hecho falso a sabiendas de que más adelante le será imposible recordar tanto la verdad (que sujeto y anotación no se corresponden) como la tergiversación (el hecho mismo de realizar esa anotación falsa) pero sí reconocerá su letra, de forma que dará por cierta la información cuando la lea más adelante. Cuando escribimos un blog no nos mueve la misma rabia que mueve al protagonista de la película de Nolan, pero el ejemplo me sirve como inicio de esta reflexión.

Decía Friedrich Wilhelm Nietzsche que «nada determina tanto en qué nos convertiremos como los detalles a los que decidimos no atender». Yo, que gusto de citar y parafrasear al bueno de Federico Guillermo, diré que nada determina tanto qué ideas propias recordaré más finamente y estarán mejor trabajadas como el hecho de que decida bloguear al respecto. Nada determinta tanto qué enlaces recordaré mejor como el hecho de que me obligue a construir un párrafo de contexto y explicación en torno a ellos.

Por apurar, y si hay algo más o menos parecido, nada determina tanto qué conversaciones recordaré y mantendré con interés (en qué posts ajenos en los que comento volveré a aparecer más adelante para continuar construyendo debate) como el hecho de que decida guardar en marcadores la URL de dicho post con la etiqueta «comentarios», ya sea en público o en privado.

Por más que me encanta que sea así, y por más que este proceso de maduración de ideas dirigido por uno mismo permite permite un consumo reposado y reflexivo de información no enturbiado por la manía del «descubrimiento» ni la voracidad del timeline, está claro que no hay que dejarse llevar por la inercia que nos va sesgando las propias lecturas, constituyendo una especie de soma que nos permite leer sólo cosas agradables con nuestras ideas. Afortunadamente, y aunque se puede mejorar, (creo que) hago un buen esfuerzo en ese sentido. Más de uno se escandalizaría si viera los feeds que tengo en mi lector (no voy a impostar aquí que los publico, el postureo búsquenlo en otra parte) al ver que sigo una serie de blogs falsarios, otros aburridos y otros que directamente me cabrean cada vez que postean. Son parte del sano equilibrio necesario entre mis lecturas, no ya para seguir pensando con objetividad (algo de mito hay en esa aspiración, señores), sino para al menos ser capaz de mirar a los problemas desde el punto de vista enfrentado a nuestras afinidades.

Pero ya ven, debo ser un tipo raro: aún leo rss, y escribo en este blog, y me salen ideas para posts mientras busco enlaces para animar los mails que escribo a Fanego :)

La tiranía de las minorías

«Con la llegada de la democracia, los sabios estatistas temieron la opresión de los grupos pequeños. Edmund Burke creía que «la mayoría de los ciudadanos es capaz de ejercitar la más cruel de las opresiones sobre la minoría». Los padres fundadores de los Estados Unidos –hombres como James Madison o Thomas Jefferson– expresaron preocupaciones similares. Las marcadas ambiciones de los revolucionarios franceses rápidamente degeneraron en linchamientos y terror. El aristócrata francés Alexis de Tocqueville, analizando la democracia en la flamante república americana acuñó la frase «la tiranía de la mayoría».

Y sin embargo, la tiranía de la minoría parece una descripción mucho mejor para la democracia actual. Dado que la mayoría de las personas tienen poco tiempo o energías que dedicar a la política, pequeños grupos con una fuerte motivación comercial, personal o ideológica ejercen una influencia desproporcionada. Esto da rienda libre a lobbistas a sueldo, y a individuales y organizaciones obsesionados con un único asunto.

He visto, a lo largo de los años el progreso exitoso de varios intentos de extender el periodo de vigencia de los copyrights existentes. Estas medidas no hacen nada para estimular la creación de nuevas obras. Su efecto es el de imponer un impuesto a todos los consumidores para el beneficio de un reducido grupo de compañías. Pero el interés público es difuso, cuenta con pocos medios y carece de liderazgo; el interés privado está bien enfocado y posee mejores medios económicos.»

John Kay, en su blog.

Google penalizará en la búsqueda a las antiwebs

Guía de Google para desarrolladores de sitios web móviles, lista de «errores habituales»:

Muchos webmasters promocionan la aplicación de su sitio web a los visitantes de su web. Hay muchas formas de hacer esto, algunas de las cuales pueden provocar problemas con la indización del contenido «optimizado para dispositivos móviles» y otros pueden ser demasiado disruptivas para el uso del sitio por parte del visitante.

Que traducido a cristiano quiere decir que Google va a penalizar en los resultados de sus búsquedas a los sitios web que actúan como la antiweb.

Por más que me alegre ver cómo le dan collejas a estas webs, este movimiento tiene su miga: Google se sacaría un ojo si con ello fuerza a la competencia a sacarse los dos ojos y en este tema, como en otros, sería muy cándido pensar que Google está de parte de la libertad del usuario. No lo está. Y tengo pendiente un necesario post sobre Prism, claro, pero cualquier post que me lleve más de cinco minutos se queda en borrador estos días.

El Cosmonauta, excepción y nueva norma

El Cosmonauta

El Cosmonauta nos brinda uno de los momentos más vibrantes recientes en torno a Internet y en torno a la promesa de Internet. Un proyecto largo, dilatado durante años, que arranca como una idea de cortometraje y acaba siendo un largo completo, con pre-estreno por todo lo alto en el centro de Madrid. Un proyecto posible gracias a que un montón de personas aporta su granito al mismo, aunque al final no faltaran tampoco grandes empujones por parte de una conocida OMV. Eso que muchos llaman crowd funding, y en lo cual la parte compleja (la humana, no la técnica) es la que desde Riot Cinema resolvieron y gestionaron a la perfección desde el principio; y lo hicieron precediendo a todas las plataformas que ahora prometen ayudarte a solventarlo. Mayor mérito.

¿Excepción o nueva norma? Pues creo que mucho de ambas. Y es que así de complejo es el entorno actual. Excepción porque en Internet, como siempre, el primero en hacer algo novedoso tiene éxito, y los clones no. Se recompensa lo novedoso, y es que así somos las personas al final. Nueva norma porque no dejamos de ver muchos proyectos, cada semana, avalados de esta misma forma. Cada vez son más, y hace tiempo que digo que dentro de un tiempo este tipo de financiación en el que el público se compromete con el proyecto desde fases tempranas será contemplado como una fase más (imprescindible, además) de todas las producciones, grandes y pequeñas. Cuando eso suceda, el velo de inocencia idílica en torno al crowd funding se esfumará, pero lo cierto es que cuando eso suceda, la forma de realizar y crear proyectos (incluso esos macroproyectos) habrá cambiado para siempre. Como digo, El Cosmonauta es a la vez excepción y nueva norma.

Si me preguntan por opinión, hace un par de días por fin pude ver la película y debo decir que a mí me gustó. Tiene carencias, sin duda se nota que es un cortometraje venido a más. Pero me gustó, sin saber realmente si fue consecuencia de lo cuidado de cada plano, de lo mirado que estaba todo desde ese punto de vista estético, o si era (por qué no) que yo ya estaba predispuesto a favor de la película. Desde luego, entra dentro de ese rango en el que el tiempo empleado en ver la película lo considero más que bien empleado. Como digo, no deja de ser mi opinión.

Si quieren una versión mejor informada sobre el proyecto, y más emotiva, pueden leer el balance que Gonzalo Martín realiza de este proyecto.

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