Taxis y hoteles, ideas contra el lobbismo para defender lo viejo a costa de lo nuevo

Manifestación de taxis, Madrid

Hay un tema recurrente en todas las discusiones sobre la mal llamada economía colaborativa, y es que los sectores de la hostelería y los servicios de transporte públicos deben ser protegidos de «oportunistas al margen de la ley».

No lo digo en broma (ya me gustaría). Para muestra un par de botones: Todos contra Uber, y un caso idéntico del sector del autobús contra BlablaCar; en la oposición hecha desde el sector de la hostelería el mensaje es idéntico, acusando a los nuevos actores de trabajar desde la ilegalidad.

Hay tantas falacias en ese argumento que no sé por dónde comenzar.

Bueno, sí, sí lo sé: vamos a empezar por esa presunción de culpabilidad según la cual estas personas no pagan sus impuestos. Decir que por el mero hecho de que alquilas una vivienda en AirBNB ya no pagas impuestos es una gran mentira, porque ambas cosas no van para nada juntas. Pagarás por lo que ingreses ahí igual que pagarás si arriendas tu vivienda normalmente, un porcentaje de lo que ingreses. Y por supuesto, no es lo mismo ilegal que alegal, pero yo no soy abogado y temo no explicarlo bien. Digamos que no es lo mismo que la ley prohíba expresamente un comportamiento a que la ley no diga nada ni a favor ni en contra porque cuando la hicieron no pensaron en ello. Lo segundo brinda una oportunidad sencilla de mejorar la ley y adaptarla a los tiempos.

Este post lleva en la nevera un tiempo y desde entonces hemos visto manifestaciones, y concentraciones del sector del taxi. En casos concretos como Málaga algunos concejales presumen de haber salido frente al ayuntamiento a apoyar la protesta. Como representantes que son de toda la ciudadanía, creo que se equivocan al alinearse a favor de un lobby que no persigue el bien general sino el privado, el de los integrantes de ese exquisito grupo que a día de hoy presta servicios de taxi. Espero que al terminar este post quede claro que estos concejales se posicionan en contra del interés general.

Sectores como fin en sí mismos, sectores como medio para un fin mayor

La verdadera pregunta que debemos responder es si ciertos sectores de servicios (taxi, autobús, alojamiento vacacional) son un fin social en sí mismo o un medio para conseguir un bien social. Parece obvio que lo más acertado es lo segundo: son una vía para conseguir un bien social (mejor movilidad en trayectos cortos, de media distancia, mejor y mayor adaptación de los alojamientos a las diferentes necesidades de las personas cuando viajan).

Todos ellos son valiosos en tanto contribuyan a alcanzar este bien mayor, lo que la sociedad necesita y demanda. Y no me importa que se hable de transporte urbano, de larga distancia, de alojamiento, a medios de información, o a cualquier otro sector que puedan nombrar y que tenga su propia ración de privilegiados de toda la vida queriendo vetar la posibilidad de que otros también se ganen la vida en ese sector, para no repartir la tarta.

Por seguir con el ejemplo del taxi. Lo que la se busca es movilidad urbana sencilla, ágil, accesible a cuantas más personas mejor (esto es, que su precio no sea excluyente para la mayoría), que nos permita desarrollar el día a día en las grandes ciudades actuales minimizando el número de coches que transitan por ellas. No, la sociedad no busca per se a esas asociaciones de taxistas que llevan décadas sin avanzar pero que se movilizan rápidamente para obtener la prohibición de la actividad económica de los demás. Los lobbies de siempre presionando para que la nueva competencia esté lastrada o sea directamente ilegal. No, eso no es lo que la sociedad necesita ni demanda, y si es lo mejor que el sector del taxi puede hacer, es que han perdido el norte y han olvidado su responsabilidad social.

No puedo dejar de mencionar que situaciones parecidas se han dado en otros sectores, como los grandes grupos de medios obtiendo una ley que penaliza a los pequeños medios, como es la del canon AEDE.

El bien social no puede venir de un lobby que aspire a prohibir toda competencia para poder mantener sus privilegiados márgenes de beneficio, derivados de disponer a voluntad de un pseudo-monopolio exclusivo concedido por el estado, beneficiándose a costa de todos los excluidos que por obra y gracia de resolución administrativa no tienen derecho a ganarse la vida trabajando.

Por eso, estos sectores representados por estas asociaciones beligerantes son positivos para la sociedad en tanto ayuden a mejorar ese aspecto que les atañe. Si se obstinan en entorpecer el progreso y la mejora en la calidad de servicio que recibimos como individuos que vivimos en la misma sociedad a la que dicen servir, que no presuman de defender el bien general ni ser necesarios para obtener el mismo. Y por descontado, que no cuenten con mi simpatía.

Facebook y el botón de «no me gusta» cuando la máquina es incapaz de aprender

Facebook, Antonio Cerón

Se habló mucho estos días del botón de «no me gusta» de Facebook que finalmente no es eso, que es otra cosa, pero que vamos, va de ayudar a Facebook a clasificar mejor el contenido relevante pero que no es abiertamente alegre o divertido, de forma que no le damos a «Me gusta». Antonio Ortiz comentó el asunto, y ahí pueden ver varios comentarios interesantes, además del mío inicial al respecto, en el que quizá se ve demasiado el sesgo personal hacia el tipo de interacción hipermediada que Facebook habilita (y por ende, el triste y elevado coste de oportunidad brutal en otras formas de comunicación menos encorsetada que estamos pagando).

No obstante, me quedo con el comentario de Juan en BlogOff:

es obvio que el algoritmo de Facebook tiene un problema con los contenidos incómodos. Nadie hace “me gusta” en un “se ha muerto mi hija” pero sin embargo el contenido es relevante

Éste es el problema de fondo. Y Facebook una vez más quiere mediar en la forma en que dices lo siento y transmites ese pesar en los momentos malos de personas queridas. El código es la ley, y la solución que adopte Facebook moldeará la costumbre social una vez más, por ser ubicua, desfavoreciendo la diversidad expresiva que nos hace humanos.

Bocados de Actualidad (193º)

Pues tras el parón de agosto, aquí está de vuelta la sección fija menos fija de toda la blogosfera: los bocados de actualidad. Hoy tenemos la entrega centésima nonagésima tercera, que nos llega al ritmo de Melissa auf der Maur. Recuerdo que algunos de estos enlaces salen antes en mis enlaces compartidos (aquí, el feed RSS) y a veces en Twitter.

  • JaviPas y el compromiso entre seguridad y privacidad.
  • Víctor Ruiz sobre Youtubers de ciencia en español.
  • No creo que haya «un juego de rol perfecto», pero sí me ha gustado el repaso a sistemas de juego que hacen en Xataka. Mi posición personal es que cualquier juego de rol será mejor si permite utilizar dodecaedros.
  • Motherboard y ¿Por qué un montón de expertos de seguridad usan el cliente de correo electrónico más sencillo disponible? Simplicidad es seguridad, afirman.
  • En esa misma línea, un enfoque útil cuando trabajas con datos: «si no puedes asegurarlos, no los recolectes». En Brookings.
  • Dos sobre ciencia: una de Jean-François Gariépy…. explicando por qué abandona la academia; otra de Cracked, explicando 6 problemas actuales de la publicación científica. Por cierto, el problema de pagar por ser publicado se agrava con la aparición de nuevos modelos de negocio para las editoriales científicas, como los basados en Open Access.
  • Ya está el listo que todo lo sabe y el motivo por el que las emisoras de EE.UU. tienen en su nombre todo un chorro de letras.
  • Fernando Tricas acerca del experimento de «el botón», que llevó a cabo Reddit.
  • ¿Usar software de cifrado es cosas de terroristas? En Turquía arrestan a un periodista por hacerlo, lo cuentan en Ars Technica.
  • ¿Qué fue de los Web Components? Ya no copan titulares ni hype, pero siguen vivos. Axel Rauschmayer.
  • Lauren Smiley acerca de la mal llamada economía colaborativa: «no va de compartir, va de proporcionar y recibir servicios». Aquí ya desmontamos varios mitos en torno a esta etiqueta de marketing, tan recurrente en nuevos servicios de Internet.
  • Arnau Fuentes aprovecha el escándalo de boicot a un cantante judió estadounidense para explicar los orígenes del reggae. Jesús Pérez también escribió: «con los judíos en España, siempre es diferente».
  • Para ir terminando, la entrevista que Staf Magazine realiza a Gregorio Esteban Sánchez Fernández, más conocido como Chiquito de la Calzada, es un documento sensacional. Y es que Chiquito es, pese a su nombre de batallas, un grande entrañable e irrepetible.

Por ahora, esto va a ser todo. Os dejo con Out of our Minds, tema que dio título a su segundo álbum.

Feliz domingo.

Por qué las subastas ceden terreno en eBay

eBay

Hace unos días, el 3 de septiembre, se cumplió el vigésimo aniversario de la apertura de eBay, por derecho propio uno de los grandes hitos de la web y de la Internet popularizada a la que muchos nos sumamos en los años que precedieron al cambio de milenio.

Con motivo de tal efeméride en The Economist publican un artículo en el que hacen balance de estas dos décadas de existencia, y repasan la evolución de uno de los factores más identitarios de eBay, el de las subastas.

El concepto de las subastas online está íntimamente vinculado a eBay, y sin embargo actualmente sólo el 20% de las compraventas que se realizan en el sitio recurren a este método, en un porcentaje que no para de caer.

En el artículo entran a analizar las desventajas de ese método para vendedores (pese a los trucos para incitar a realizar pujas más altas, los precios en subasta suelen ser algo menores que los de venta a precio fijo) y para compradores (para evitar que te superen la puja en el último segundo, hay que estar atento hasta el último segundo de todas formas). Es importante comprender que ambos factores son relevantes: no es sólo que ahora se pongan menos objetos en subasta, es que esto es así porque una mayoría de usuarios no está dispuesto a realizar el esfuerzo de bucear en las mismas.

Y es importante saber que los usuarios que pierden una subasta en el último segundo tienen una probabilidad mayor de pillar tal cabreo que abandonen la tienda para siempre, lo que sin duda estaba haciendo daño al negocio de eBay toda vez que compradores con más experiencia y/o dedicación recurren a ese mecanismo.

No todos los vendedores están dispuestos a vender a descuento, y no todos los compradores están dispuestos a realizar el esfuerzo necesario para encontrar un precio mejor derivado de la subasta.

Interesante reflexión sobre un concepto que si bien desde el punto de vista económico es fantástico, porque ayuda a vislumbrar el valor de mercado real de un objeto evitando la asignación de rentas y también evitando que el vendedor sea estafado y reciba cuatro duros por algo que seguramente vale mucho más. No obstante, parece que en muchas situaciones este mecanismo de eficiencia no es buscado por ninguna de las dos partes.

Por qué ya no me gusta «el ciclismo»

Lance Armstrong

En el ciclismo siempre hubo dopaje, perseguido escasamente y a regañadientes; al menos desde que yo era pequeño. Había dopaje, pero había al menos una escenificación de que no era bienvenido, de que recurrir a drogas para aumentar el rendimiento competitivo era reprobable.

Eso cambió el año en que Armstrong ganó su primer Tour de France: un ciclista decente pero sin brillo ni regularidad padece una enfermedad grave y se repone, para a continuación ganar la competición más exigente del mundo. Que tuviera un papelito que le permitiese medicarse para evitar recaídas a nadie pareció importarle dentro de la organización de la carrera, ni de la UCI, ni de los profesionales de la información, ni a una mayoría de la afición.

El mencionado ciclista sin brillo llegó a ganar siete veces la competición más codiciada del ciclismo profesional, ésa que tiene fama de ser además la más dura, mientras deportista, organización, y federación insistían en que todo estaba conforme a la norma, que no había motivo para dudar de unas victorias obtenidas en justicia y buena lid gracias a un portento físico sin igual.

Tardaron más de una década en admitir el fraude, concentrados unos y otros más en no dañar «el negocio» que en defender los valores del deporte, por más que a muchos nos había sido evidente desde el primer día que Lance Armstrong iba hasta arriba. Y por supuesto no es el único, la lista es larga en esa carrera ni ese deporte.

Ahí está el por qué: pasó demasiado tiempo hasta la admisión de esa verdad y para cuando sucedió a muchos nos dio igual. Yo dejé de interesarme por el ciclismo (en tanto que «competición de masas») cuando este señor recibió los primeros honores, pues era algo abiertamente grotesco.

Soy aficionado a la bicicleta, que me encanta desde que tengo uso de razón y en la que salgo a dar pedales siempre que tengo ocasión. Pero el ciclismo, como competición de élite – al menos, quiero creer que hay mucho aficionado que compite a nivel local y regional por el único gusto de hacerlo – no merece la más mínima atención.

Disfruten de La vuelta, ustedes que quizá pueden, a mí hace mucho que esas competiciones no me dicen nada. El doping, por otra parte, tiene una faceta de I+D brutal tanto en síntesis de nuevos productos como en desarrollos de técnicas de detección (y enmascaramiento, para evitar la detección). Es una historia química-económica genial de la que quizá hablaremos otro día.

Metros, tranvías, y complejos

Metro de Málaga

Os voy a contar una cosa. Esa manía que tenéis de llamar metro a lo que no es más que un tranvía es absurda. Refleja complejos grandes.

Málaga tiene un metro, que aunque es subterráneo gran parte del trayecto, no circula a velocidad de tren (ni siquiera de cercanías) sino a velocidad de tranvía. Sevilla tiene otro falso metro, casi gemelo al de Málaga. Y ahora Granada también construye su «metro». Todos ellos no son más que tranvías con ínfulas.

Madrid no se libra: y tiene «metro ligero» en diversas zonas. Valiosa mención para diferenciarlo del servicio de metro real, ese que todos identificamos conceptualmente con ese nombre.

Todo esto es absurdo. Grandes ciudades europeas como Zürich, Viena, Dortmund, y Düsseldorf tienen tranvías (estas dos últimas también tienen metro) y lo llaman por su nombre. No muere nadie por ello. Ningún politico tiene que dimitir por ello. Nadie en esas ciudades se siente más subdesarrollado ni más de pueblo por tener tranvías en lugar de metros.

Pero no, aquí el postureo comienza en la administración. Los primeros en hablar de metro, aunque no lo sea, son los alcaldes. Y lo hacen por miedo a que se les juzgue mal. «El alcalde fulanito quiere montar un tranvía, a estas alturas, quiere volver al pasado». Así que lo llamamos Metro porque la gente quiere sentir que vive en Nueva York.

Sevilla, o Granada, o Málaga, tienen una tasa de paro ensordecedora y apenas nadie se plantea mover el culo, pero quieren sentir que no se pierden nada y que viven en la cresta de la ola en una ciudad que tiene de todo, y de la que en consecuencia no hace falta moverse aunque no haya empleo ni para apartar las moscas.

La responsabilidad no es exógena. No basta con culpar al político. El principal incentivo de todo político es perpetuarse en el poder, en este lugar y en este momento eso pasa por ganar las próximas elecciones, sean cuales sean. El político exagera porque le va en ello su empleo y su renovación, y en este tema exageran semánticamente porque sus votantes así lo reclaman. Sí, la responsabilidad esta vez tampoco es únicamente «de otros». Los políticos miente interesadamente como aduladores que son, diciendo exactamente lo que su público – sus votantes -, quiere oír.

Y si para ello hay que dejar de llamar a las cosas por su nombre, así sea. Aunque el resultado sea una inflación lingüística exasperante, e insostenible.

Configurar escáner Canon CanoScan LiDE 220 en Ubuntu Linux

Aquí un pequeño post de esos que, como dice la canción, escribo para recordar.

El problema es el de siempre: a la mínima que uno intente utilizar hardware no básico (por esto me refiero a cosas como teclado, ratón, y poco más) en Linux comienza la lucha con innumerables gigantes que en lugar de meterse en la piel de molinos se encarnan esta vez en la forma de falta de drivers, trucos, terminales de comandos, compilación de ejecutables, y archivos de configuración. Es triste, pero esto sigue sucediendo.

En el caso de necesitar un escáner para usar desde Linux, lo primero es mirar bien que el mismo esté soportado por SANE (acrónimo para Scanner Access Now Easy; voy a llorar un rato y luego continúo escribiendo el post). Podemos ver una lista de dispositivos soportados en la misma web del proyecto SANE.

En el caso del Canon CanoScan LiDE 220, está soportado en la versión en desarrollo, pero no en la estable. Así que hay que instalar la versión desde repositorio CVS. Esto sería un proceso largo y tedioso, si no fuera porque hay una persona que mantiene un repositorio PPA actualizado de SANE ya compilado, para instalar directamente en nuestra Ubuntu (desde aquí agradecimientos infinitos a Rolf Bensch).

Usando ese repositorio PPA, el escáner funciona, si bien los botones de función de acceso rápido no lo hacen (y quizá no lo hagan nunca, lo que nos devuelve al inicio del post y las dificultades de usar cierto hardware en Linux) y hay que hacer toda la gestión vía software.

Por lo demás, esto es todo: un post de esos que, ante todo, me son útiles a mí mismo en el futuro, cuando necesite configurar de nuevo el bicho de escanear.

Este blog usa cookies para su funcionamiento.    Más información
Privacidad