Para hablar hoy de inteligencia artificial vamos a mirarnos en el espejo de las guerras del copyright de principios de siglo. Cambian los protagonistas y los artefactos pero no los fundamentos básicos, esos que ayudan a entender dónde estamos metidos.
A principios de la década de los 2000, el mundo se dividía en dos. Por un lado, una mayoría descargando música en P2P como si no hubiese un mañana; por otro, una minoría visible que se sentía moralmente superior por no «subirse a ese barco». ¿Os suena?
Ahora es cuando hablamos de tendencias tipo «hecho sin IA». Misma división: una mayoría absurdamente grande de personas usándola para todo, cada vez más, y una minoría pequeña pero ruidosa usando este eje «hecho con/sin IA» como baremo en el cual destacar. Algo así como un sello de pureza humana.
El reto, claro, va a ser convencernos de que su postura es éticamente superior. Pero la historia es terca: creo recordar que exactamente cero unidades de persona cambiaron su posición frente a las descargas tras ser acusados de ladrones por Ramoncín.
La mutación será generacional
Estas dos posturas van a seguir existiendo durante décadas. Continuará habiendo artesanos. Hablemos de la revolución industrial y de cómo la población pasó de trabajar como artesanos a trabajar como operarios de fábrica.
Tendemos pensar que los obreros se fueron a dormir artesanos y se levantaron empleados de fábrica, pero no sucedió así. El reemplazo fue generacional y necesitó décadas. Es algo que comentamos de pasada en una nota breve en Desde el bucle. La mutación laboral masiva se dio a medida que unos (artesanos) se iban jubilando y otros se incorporaban al mercado, ya como obreros en las fábricas. La especie sobrevive mediante la adaptación, pero esta adaptación tiene lugar en la siguiente generación. Así pasó con los profesionales de la revolución industrial.
Cuando hablamos del renacimiento y la imprena ya vimos que el impacto de las nuevas tecnologías se extiende a lo largo de las décadas, hasta más de un siglo, hasta que revela sus cambios más profundos.
Y con la IA, ¿será parecido?
En el plano personal, el «hecho sin IA» solo tiene sentido para cierta producción cultural. Y aún en ese ámbito, sospecho que se terminará imponiendo el «hecho por personas con ayuda de IA». Como norma general, y en la medida en que tu tarea sea automatizada por la IA, tu tarea actual en una labor más aburrida, como pasó con los contables cuando empezaron a usar computadoras. No creo que vaya a haber pérdida masiva de empleos para programadores, por ejemplo, pero sí que los equipos de desarrollo de software van a cambiar radicalmente.
Es aquí donde entran las organizaciones, pues suelen ser indescriptiblemente tercas a la hora de reformarse. Con la IA no va a ser diferente y ya hemos visto que una gran mayoría de organizaciones no está sacando el partido que podrían. Todo esto sin que medie especial maldad, tan solo por la incapacidad de alinear incentivos de todos los agentes internamente.
La respuesta está en la biología (y en Nietzsche)
La respuesta a todo esto nos la van a dar a pachas entre la biología y la filosofía.
- Darwin y la supervivencia. Veremos nacer una generación de empresas adaptadas a este nuevo contexto, sin mochilas. Los hyperscalers aguantarán la carrera tirando de chequera, comprando tiempo para llegar a algún lado. A menor escala, la carrera es por la pura supervivencia. Se vienen años de fagocitación de viejas glorias.
- Nietzsche y la voluntad. Para eso tenemos a Nietzsche, que siempre fue muchísimo más cáustico y afirmó aquello de que nada determina tanto en qué nos convertiremos como aquellos detalles a los que decidimos no atender.
Repensar procesos y organigramas no es una opción de gestión; del mismo modo en que no beber agua tampoco lo es. En ambos casos, si decides ir a la contra, el resultado no tarda en ser visible. Como líder en una organización, tu misión es hoy más que nunca la de generar un esquema de incentivos que anime a todos a hacer lo correcto por simple egoísmo; porque esa fuerza motriz (el egoísmo) no va a desaparecer.
[Imagen: por Jose Alcántara, con Gemini.]









