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Privacidad



Facebook acusado de «escuchas ilegales»

FacebookEn este blog le hemos dedicado a Beacon, el sistema publicitario de Facebook, algunas anotaciones. Desde el principio nos pareció demasiado intrusivo, y no gustó que lo metieran hasta en la sopa (daba igual que no fueras usuario de Facebook) para recoger información sobre tí sin avisar a nadie (y sin que tan siquiera fueras usuario de Facebook).

Ante las críticas y las primeras denuncias, Facebook ha ido haciendo movimientos (a menudo bastante tibios) siempre acompañados de grandes promesas. En realidad lo que molesta es que no estaban avergonzados de haberlo hecho, sino de que los hubieran pillado, o al menos esa es la sensación que se desprendió del modo en que actuaron.

Sin duda a estas alturas no darán marcha atrás, no van a retirar Facebook Beacon, las bases de datos con información personal son el gran negocio del futuro, pero está claro que aún tienen mucha tierra que tragar. Lo último es que los han acusado de realizar escuchas ilegales (TheRegister), ya que pactó con 44 socios recoger actividad online de sus usuarios en hasta 44 servicios web y recopilarla, sin avisar a los mismos.

Esta no es la primera denuncia que recibe Facebook, ni será la última, y aunque aquí sólo comentamos la primera en hacerse pública (EPIC vs Facebook) para no aburrir a nadie, ésta me ha parecido reseñable por tener un enfoque interesante. No es sólo violación de privacidad, sino hacerlo premeditadamente y sin el más mínimo respeto a todos mis derechos, tal y como sucede con las escuchas ilegales (no mediadas por un juez ni acompañadas de un proceso judicial que las ampare). Desde luego un enfoque curioso, aunque así visto no es absolutamente ilógico. Veremos en qué queda, está claro que Beacon es una apuesta arriesgada y que de prosperar lo hará a costa de la privacidad de los usuarios de Facebook (y de cualquiera). La receta perfecta para que alguien en esa empresa tenga un gran dolor de cabeza.



Más sobre publicidad y usos de nuestros datos

GigaOM sobre publicidad personalizada:

Pero la individualización tiene implicaciones relativas a la privacidad. Los anuncios impresos han dependido siempre de encuestas y estadísticas de lectores para dirigir el gasto en publicidad: Los anuncios en Vogue asumen que me gusta la moda y soy probablemente mujer -pero no están seguros. En la red, sin embargo, los datos se acumulan mientras consumo información: digamos que visito la web de Vogue y después me voy a una página con información para padres y de ahí me voy a mi agregador online a leer feeds de tecnología y a buscar información sobre la depresión post-parto. Sumalo todo, junto a mi IP y ahora soy una madre techie que vive en Austin, Texas, que posiblemente está de bajón. De repente, soy algo mucho menos difuso en la mente de esos anunciantes.

Sobre esto he hablado bastante: Publicidad en la red, lo que el usuario no ve, y facebook ha aparecido a menudo (con facebook beacon como protagonista) y TiVo vendiendo los datos de sus clientes y Phorm y más y más.



La defunción del sagrado secreto de las telecomunicaciones

¿Se acuerdan de cuando el secreto de las telecomunicaciones era algo sagrado, intocable y estaba rodeado de un aura de inmutabilidad? El secreto de las telecomunicaciones nació de la necesidad de una minoría dominante (que tenía acceso a todo) de proteger sus asuntillos frente a una masa social que por no tener no tenía (en muchas ocasiones) ni teléfono fijo. De móviles e internet ni hablamos, les digo que este derecho viene de antiguo.

Hasta hace relativamente poco, de hecho, se tenía a este derecho en alta estima por parte de nuestra clase política. Que le dedicó un artículo en la constitución de platino iridiado de 1978 (en concreto, 18.3), ya que ayudaba frecuentemente a salvar sus sucios culos cuando los pillaban hablando por teléfono de asuntos turbios. Por supuesto, colateralmente todos nos beneficiamos porque este derecho tiene un gran valor democrático. Protege a los ciudadanos del abuso del Estado que a veces quiere escuchar lo que no debe, en la lucha constante contra el latente «enemigo interior».

Hace unos años, en los últimos años del felipismo, en este país se aludía constantemente a este derecho como algo inalienable, como consecuencia de las escuchas ilegales que el CESID llevó a cabo en teléfonos de numerosas personalidades del Estado a partir de 1992 (pincharon teléfonos tan dispares como el del español más igual o los de las sedes de HB). En aquellos años la intromisión en las conversaciones privadas de las personas eran criminalizadas por los mismos medios que ahora las defenderán como parte necesaria de la seguridad.

¿Por qué ahora cualquier excusa es buena para pinchar las comunicaciones? Suecia, Alemania, Francia, Reino Unido y pronto España (de prosperar las irritantes recomendaciones del director de la AEPD, que ya manda cojones) pinchan o planean pinchar las comunicaciones de todos sus ciudadanos. En unas ocasiones lo hacen en nombre de la seguridad (aunque el s. XX nos enseñó que el exceso de vigilancia estatal es un peligro para la seguridad de los ciudadanos); en otras lo hacen para defender los mal llamados derechos de autor recordándonos porqué frenar el cercamiento digital y ganar la guerra contra los abusos que tienen lugar en nombre de la propiedad intelectual es crucial para el futuro de la libertad. Cuando autoridades autoproclamadas se atreven a redactar las leyes, ¿qué queda de la democracia? ¿qué del parlamento elegido entre todos para que nos represente y nos haga la vida más fácil y mejor? ¿Qué del acuerdo de ciudadanía que nos vincula con esas instituciones? Cada vez menos.

De norte a sur, toda Europa ha iniciado una campaña de supresión de derechos y libertades básicos. ¿Qué lugar queda para el secreto de las comunicaciones? Ese derecho otrora sagrado e inmutable es ahora un estorbo para la nueva sociedad de control. La semántica de combate hace su parte y los medios transmiten el mensaje: las comunicaciones privadas son cosas de terroristas y un ciudadano de bien (escalofríos recorriéndome sólo de pensar que volvemos a la semántica franquista) no tiene nada que ocultar.

En estas estamos.



Brazaletes con descarga para todos

«¿Hay solución para los secuestros aéreos durante el vuelo? Sí, la hay». Así comienza el anuncio de la compañía que fabrica los Brazaletes RFID con descarga eléctrica que el gobierno federal estadounidense está negociando implantar y ante los cuales la ACLU ha lanzado una campaña de movilización en aquel país.

El objetivo no es otro que el de obligarnos a todos los que nos montemos en un avión a utilizar un brazalete con identificación mediante radiofrecuencias que además está preparado para proporcionarnos (me encanta la neolengua) una descarga eléctrica si hacemos algo que el uniformado de turno considere inapropiado. Supongo que luego lo llevarán a otras partes, ya se sabe que ¡esto está lleno de terroristas!

Detalles que comentar:

  • Los brazaletes RFID se han propuesto anteriormente para su uso con delincuentes peligrosos en libertad condicional. Ya en su día dijimos que tras las capas inferiores y peor reputadas de la sociedad, vendríamos los demás. Sucedió igual con el seguimiento de universitarios mediante RFID, inicialmente propuesto para presos.
  • Primero en los aviones, luego en todas partes. Como los controles de seguridad en aeropuertos, poco a poco trasladados al tren. Ahora, como si yo pudiera coger el tren y llevármelo a estrellar contra Cibeles, ya no puedo despedirme de nadie en el andén, sino que nos separamos en la larga cola de supresión de derechos del control de seguridad. Recuerden que la videovigilancia se instaló primeramente en las cárceles y ahora mismo están en todas partes.
  • Cuando te digan que algo es por tu seguridad, se escéptico.
  • En el vídeo que nos enlaza Pululante aparece un aeropuerto con una bandera de Canadá. ¿Pero no fue allí donde la policía mató a una persona a base de descargas eléctricas (Táser) por cometer el grave pecado de no entender el idioma? De repente, me muero por usar esa pulserita de marras. Lo del asesinato con Táser va en serio: sucedió en Vancouver.
  • Que estemos en la frontera del imperio y que toda nuestra labor dentro de su maquinaria sea producir los tomates (y las fresas) que se comerán sus majestades no nos librará: comento esta noticia porque si finalmente los adoptan en los EE.UU. pronto los tendremos aquí. Como los pasaportes RFID, como la DMCA. El imperio impone, y nada mejor que estar preparado para lo que pueda venir. Para oponerse, ¿para marcharse?.
  • Quizá hayan perdido la cuenta del número de pequeñas cesiones que, en nombre de la libertad, han hecho de sus libertades. Recuerden, recuerden, que al infierno se desciende paso a paso, por peldaños.

Poco más, Pululante dice que estos brazaletes son parte del teatro de seguridad. Yo ni siquiera diré eso: estos brazaletes son puro fascismo, obedece o te vas a cagar (quizá literalmente) con la descarga que te voy a meter. Si los Estados los adoptan e intentan obligarnos a usarlos, estarán dejando bastante claro de qué va la cosa. Si la sociedad no los rechaza abierta y mayoritariamente, quizá estará demostrando (una vez más) que al final tenemos lo que nos merecemos. En el sentido más estricto: nadie puede cobrar sin trabajar, nadie puede ser libre si no defiende su libertad.

Acalpixca y Pululante también han hablado de ello.



La privacidad en la era de los terabytes y la lucha contra el terror

Scientific American presenta un número especial de su revista dedicado a la privacidad. Aún no lo he leído porque me acaban de dar el chivatazo (gracias, Chuso), pero promete bastante.

De momento les puedo decir que, pese a lo que esa revista nos pueda contar, muy difícil lo tienen para igualar el magnífico (y reciente) post sobre privacidad y libertades de Arnau Fuentes: Si Franklin (o jefferson, o...) levantara la cabeza.

Si quieren leer algo sin salir de aquí pueden pasar por la contextopedia:



La AEPD argumentando contra la protección de datos

Lo veo y no lo creo. Me pellizco, parpadeo, me froto [los ojos, malpensados] y sigo sin creer lo que veo. Me pasan un enlace aparecido en portada de Meneame donde se enlaza a una nota de prensa de la Agencia Española de Protección de Datos, descargable en formato PDF.

La nota de prensa se hace eco de la ponencia del actual director de la AEPD, Artemi Rallo, en el V Foro de las evidencias electrónicas. En ella, se dice que «el director de la AEPD propone el desarrollo de una norma con rango de ley que permita un equilibrio entre la protección de derechos de autor y el derecho a la protección de datos», y que para ello remitirá al gobierno una propuesta que regule legalmente este asunto.

Lo que sucede es que ese asunto ya está legislado. En España la copia privada no es ilegal, como nos quieren hacer creer. Sucede que mis comunicaciones deben ser privadas, acorde con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pues es lo único que garantiza mi libertad. Y sucede que buscar el «equilibrio entre derechos de autor y proteción de datos» no es argumento suficiente para sacrificar mi libertad.

No señor. No estamos hablando de entrar a los ordenadores del CNI, robar información clasificada y usarla para desvalijar el oro del banco de españa. No. Éste hombre no quiere desvelar la identidad de peligrosísimos delincuentes, sino la tuya y la mía, la suya, la de todos aquellos a los que conozco: quiere traicionar todo aquello que el organismo que dirige dice defender. ¿Derechos de autor? Muy poco motivo para que sea el presidente de la Agencia Española de protección de Datos, el hombre que debe guardar mi privacidad a buen recaudo, el que azuce el fantasma de los derechos de autor frente al gobierno del Estado.

A todos los que estén respirando tranquilos sobre la solidez legal del carácter privado de sus descargas les recuerdo, muy puntualmente, que la pasada Ley de propiedad intelectual redefinió la copia privada de muy mala manera, pues la actual definición permite la ilegalización de las descargas y la eliminación de la propia copia privada legal. Les recuerdo, además, que tanto PSOE, como PP, como IU, como .... pleno en el congreso que teníamos entre 2004-8 votaron a favor de la mencionada LPI.

Háganse el favor de abandonar las luchas partidistas («y tú más») que tanto gustan a esa pandilla de mediocres que acostumbra a sisarnos los derechos con cada nueva reforma que nos hacen. Háganse el favor de mirar quién está a un lado y quién al otro de esa línea de tiza imaginaria: esto no es el PSOE malo ni el PP bueno (de IU ya ni hablo, cavaron su tumba ellos solos), ni viceversa. Esto es el poder contra el pueblo llano.

Señor Rallo, ¿cuál es su función? ¿Proteger mis datos o proteger los intereses de una escasa minoría frente al bien general? ¿Brindarme la privacidad que demando o erosionarla? ¿Trabajar para el Estado o para la SGAE (suponiendo que en tan sorprendente matrimonio exista régimen de separación de bienes)?

Pero, ¿nos hemos vuelto locos o este grado de estupidez es el que gastamos habitualmente? ¿Cuándo, sin darnos cuenta, pusimos al lobo a cuidar de las gallinas? Estamos jodidos.



Globo contravigilante

He aquí un nuevo sistema de evitar que nos graben.

Englobando a las cámaras

La imagen en sí es una intervención creativa de William Lamson que he visto en Recogedor, un blog fantástico con muchas ilustraciones interesantes.

Evidentemente, no sirve más que como expresión artística: las cámaras nos grabarán igual, tan sólo con poner un ventilador junto a la cámara. Pero estoy de buen humor, tengo fin de semana largo y me apetecía compartir una imagen simpática. No es la sección más importante del blog, pero aún hay algunos posts distendidos si (por una vez) no quieren leer malas noticias :)

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