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«—¿Cuánto tiempo quieres que sean secretos esos mensajes? —le preguntó Randy en el último mensaje antes de abandonar San Francisco—. ¿Cinco años? ¿Diez años? ¿Veinticinco años?
—Quiero que sigan siendo secretos mientras los hombres sean capaces del mal.»
- Neal Stephenson, Criptonomicón
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«Una de las cosas más extrañas de esta época nuestra de democracia sin igual es que haya tanta gente tan decepcionada con la política convencional que ni siquiera se molesta en ir a votar. Piensan: «No podemos influir realmente en lo que hacen los políticos, aunque tampoco importa demasiado». Craso error. Importa, y mucho. La mayoría de nosotros, esos afortunados mil millones de personas [libres y ricos en todo el mundo], vivimos vidas relativamente cómodas y pacíficas en las cuales podemos, un día tras otro, ignorar despreocupadamente la política y las ideologías; pero mientras tanto, nuestros dirigentes se dedican tenazmente a destruir la posibilidad de que nuestros hijos hagan lo mismo. No es que quienes nos gobiernan sean unos sinvergüenzas. En todo caso, al menos no son unos sinvergüenzas consumados. Pero la mitad de las veces no tienen ni idea de lo que hacen. En sus manos, el mundo no está seguro. No podemos dejárselo.»
- Timothy Garton Ash, Mundo Libre
«La política exterior es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Necesitamos involucrarnos e influir en ella nosotros mismos.»
- Timothy Garton Ash, Mundo Libre
Qué quieren que os diga, me trajo ecos de No vamos a ser menos.
«Algo puede ser cierto aunque no se crea en ello, y se puede creer en algo que sea falso. La mayoría de las identidades nacionales tienen mucho de lo segundo. Una nación es un grupo de gente unida por la aversión a sus vecinos y que comparten un malentendido acerca de su pasado.»
- Timothy Garton Ash, Mundo libre.
*** Relacionada: patria, patriotismo y banderas.
Criptonomicón es, pese a haber sido publicada hace apenas 12 años, un clásico de la literatura de nuestro tiempo. O quizá es tan sólo un clásico de culto. Las dos opciones me sirven. Publicada por Neal Stephenson en 1996, nos muestra una visión muy diferente de los dos principales escenarios en que se desarrolla. Aunque lo terminé hace ya un tiempo no tuve tiempo de comentarlo (ciertamente, tengo una larga cola de libros por comentar en el blog).
Podría contar algo de la trama pero ciertamente no podría hacerlo en unas pocas líneas. Podría decir que es una visión diferente sobre la segunda guerra mundial en la que se nos muestra la labor que los criptoanalistas realizaron (y su papel determinante) para que el bando anti-fascista ganara esa guerra, pero eso es una fracción de lo que representa el libro. Podría decir que es una visión de la sociedad digital que anticipa muchos problemas que estamos viendo en la internet que tenemos ahora (continuamente asediada por los gobiernos que quieren mantenerla bajo control absoluto) y que los protagonistas ya veían en esos primeros años noventa. Podríamos decir que es una buena novela sobre hackers, y es cierto, pero tampoco sería toda la verdad. Así que supongo que es una mezcla de todo eso.
¿Qué más os puedo decir sobre este libro? Mil quinientas páginas después de empezarlo (y tras un número de horas de lectura que no puedo estimar), incluso te da pena que el libro se te acabe y tener que despedirte de los personajes. Y me atrevo a decir que casi todo el que esté interesado en los temas de los que hablamos por aquí encontrará el libro lo suficientemente interesante y divertido como para que le valga la pena leerlo. Si no fuera así, no me lo digáis (no quiero que me sensibilidad se hiera).
*** Relacionada: Generación de claves GPG explicada a los niños.
«Piensa que esos dos inventos -iPhone y Apple II- fueron lanzados por el mismo hombre, las revolución que cada uno inauguró es radicalmente diferente. El Apple II era la quintaesencia de la tecnología generativa. Era una plataforma. Invitaba a la gente a jugar con él. Los aficionados escribieron programas para él, los hombres de negocios comenzaron a vender software para él. Jobs (y Apple) no tenían ni idea del modo en que su máquina sería usada. Ellos tenían su visión, pero afortunadamente para ellos, nada limitó a la máquina únicamente a la visión de sus fundadores. Apple ni siquiera sabía que VisiCalc estaba en el mercado cuando se percató de que las ventas de Apple II se disparaban. El Apple II fue diseñado para las sorpresas -algunas muy buenas (VisiCalc), y algunas no tanto (los inevitables y frecuentes bloqueos del sistema).
El iPhone es el opuesto. Es estéril. Más que una plataforma que invita a la innovación, el iPhone viene preprogramado. No tienes permiso para instalar programas al dispositivo todo en uno que Steve Jobs te vende. Su funcionalidad está capada, y Apple lo puede cambiar via actualizaciones remotas. Más aún, a aquellos que se las apañaron para jugar con el código para desbloquear el iPhone, Apple los amenazó (y luego cumplió la amenaza) con transformar el iPhone en un iLadrillo. La máquina no estaba pensada para ser generar innovación más allá de la innovación que Apple (y su socio en exclusividad AT&T [NdT: en los EE.UU.]) quería. Mientras el mundo entero innovaba para el Apple II, sólo Apple innovaría para el iPhone.»
- Jonathan L. Zittrain, The Future of the Internet (and how to stop it)
Por eso no me gustan los productos de Apple y estoy harto del iPhone, ¿en qué momento nos convertimos en la propiedad intelectual de Apple para que nos digan lo que podemos y no podemos hacer? Nunca me convertí en su propiedad intelectual, y no pienso pasar por ahí.
«Imagina que tienes cuarenta años, Richard -me dijo Hamilton esta vez- y de repente alguien se acerca a tí y te dice "hola, quiero que conozcas a Kevin. Kevin tiene 18 años y tomará por tí todas las decisiones importantes de tu vida". Yo estaría flipando. ¿No lo estarías tú? Pues eso es la vida: un niño de 18 años toma todas las decisiones importantes a las que estarás pegado el resto de tu vida.»
- Hamilton a Richard, en La segunda Oportunidad (Douglas Coupland)
«En el interior del ordenador de Randy hay un reloj preciso. Cuando pulsa una tecla, Ordo usa ese reloj para anotar el momento exacto, con precisión de microsegundos. Pulsa una tecla a las 03:05:56,935788 y otra a las 03:05:57,290664, o 0,354876 segundos más tarde. Pulsa otra 0,372307 segundos más tarde. Ordo registra todos esos intervalos y elimina los dígitos más significativos (en este ejemplo, el 0,35 y el 0,37) porque esas partes tenderán a ser similares en una pulsación y la siguiente.
Ordo quiere azar. Sólo quiere los dígitos menos significativos, digamos, el 76 y el 07 justo al final de los números. Quiere un buen montón de números al azar, y quiere que haya mucho, mucho azar. Está tomando números más o menos al azar y pasándolos por una función hash que añade todavía más azar. Ejecuta rutinas estadísticas sobre los resultados para asegurarse de que no contienen estructuras ocultas. Su ansia de azar es asombrosamente alta, y no dejará de pedirle a Randy que pulse el teclado hasta que no esté satisfecho.»
- Neal Stephenson, Criptonomicón.
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